domingo, 4 de enero de 2015

Noviembre


No terminó de inquietarse Manolo con lo sucedido a su vecina, pues en este mes donde se celebra el Día de los Difuntos, el 2 de noviembre, pensó incluso en una aventura que podría correr después de muerto. La titularemos: 

Las carreras continúan después de muertos

-       - ¡La leche!, ¡cuanta gente estamos aquí! Si en mi barrio éramos un montón, aquí somos más del doble. En fin, qué le vamos a hacer, si cada día nacen más y todos se mueren.
-       - ¡Eh!, 42506, ¿es que no sabes que te estamos esperando?, deja ya de mirar tu tumba, que ahí no tienes nada, todo lo dejaste allí cuando vivías. O es que crees que te ibas a poder traer algo para acá.



-       - Voy, voy. Solo miraba a ver si como me dijeron amigos, me metieron una foto de mi novia en el ataúd.

-       - Malo, pues dejémonos de monsergas y os explicaré porqué os hemos reunido.

-      -  Como podéis suponer, hablo en nombre de los demás porque soy el más veterano y porque me han nombrado para que dirija a este grupo, y aunque la mayoría de vosotros os conocéis, ya sabéis que todo este numeroso grupo tienen en común que os apasionan las carreras y las aventuras. Carreras por llegar el primero, el primero en la clase, el primero de la promoción de estudios, primero en los ranking de disponer de fortunas a costa de lo que fuese y de quien fuese, primeros en ligar, en fin, primeros en todo.  

-       - Claro, que para desgracia de los que mandan aquí, no todos los que quieren ser los primeros son como la mayoría de vosotros, los hay quienes no tienen ansias de destacarse y se mantienen en una segunda línea….. – Y tú, ¿de qué te ríes?

-       - Noo, por nada. - Contestó el 53787 y continuó diciendo después de titubear si respondía o no. - Es que me ha hecho gracia lo de la desgracia para los que mandan.
-      -  Evidentemente, incluso a mí me gustaría que todavía hubiese más corredores.
-      - Pero, no voy a irme por las ramas, y paso a lo que me lleva esta reunión

-       Como no hay sitio para tantos muertos de vuestra calaña, me dicen que habrán de aligerar el número de muertos, así que mandarán a los tres menos malos fuera de aquí. ¡Hala, al horno . Por eso me han dicho que he de organizar una competición entre vosotros, de manera que el más rápido será el que llegue primero a la meta, y el premio será irse de aquí. Los dos siguientes también se marcharán, pero antes habrán de soportar ciertas perrerías.
-       - Así que considerar que a partir de cuando anuncie la salida, seréis como unos corredores. Eso si, no tendréis unos bólidos, sino unas tartanas, o carruajes de hace dos siglos.
-       - Os explicaré las bases de la competición, luego os vais a recapacitar y trazar la estrategia y a la vuelta empezamos.
-       - Pues eso, que habrá una carrera de carácter individual en la que .. ¿Qué pasa? ¿porqué me interrumpes?
-       - Porque yo no he venido aquí a correr, pues cuando me morí, todo el mundo decía: “Descanse en paz”. Y desde que he llegado he perdido un montón de kilos, no paro de ir de una tumba a otra y para el colmo, ahora una carrera. ¡Vaya timo eso de que pasó a mejor vida!
-       - ¡Vaya hombre, un graciosillo! Pues sí, esta vida no es mejor, sobre todo para los que no se han portado bien en la carnal. Esos que se portaron decentemente no están aquí, esos tienen otras normas y lo pasan bien. Pero precisamente, de eso se trata, de que el que quiera estar muerto con los otros agraciados, habrá de llegar a la meta entre los tres primeros. Y en cuanto a las reglas, os diré que no hay reglas, que de lo que se trata es de llegar el primero sea como sea. Así que andando, a recapacitar y dentro de un rato nos vemos de nuevo.

-      -  Y qué, ¿ya habéis pensado cómo os lo vais a apañar para llegar el primero? Por la cara que ponéis, me parece que os suena a chino, y a los chinos les sonará a inglés. Pero no preocuparos, que sobre la marcha iréis viendo como funciona e improvisaréis lo que convenga.
-      -  Los carruajes están escondidos tras esos matorrales, así que deberéis encontrarlos y salir pitando. ¡Ah!, se me olvidaba, no hay caballos ni ningún otro animal que tire del vehículo, habréis de hacerlo vosotros mismos.
-       - ¡Empiezo a contar!, Seis, seis y seis.

Nada más terminar el tercer seis, todos los muertos salieron que se las pelaban, perdón que no tienen piel, salieron moviendo el esqueleto a todo meter, de tal manera, que si no estuvieran ya muertos, se matarían unos con los otros.

Menos cogerse de los pelos, porque no tenían, agarrarse sí que sabían. Y no digamos ponerse las zancadillas. En fin, los más fulleros fueron los primeros que estuvieron a punto de coger los mejores carros; sin embargo, no se qué sucedió, que sería por el nerviosismo, tropezaron a última hora y mientras se levantaba y quitaban el polvo de los huesos, los más formales, consiguieron los mejores carromatos. Y cuando me he referido al polvo, me refiero al polvo del campo, no al polvo en que se convirtió su carne, que ese ya hace tiempo que los gusanos dieron cuenta de él.

-       - Bueno. O malo, que es lo que aquí ha de decirse. Y ahora, ¿a dónde me dirijo? – Dijo el 42506, el primero que consiguió sentarse en el sitio del conductor.
-       - ¡Eso digo yo! – Sentenció el 56489
-      -  ¡Tirad por aquí que hay un atajo para llegar a la meta! – Gritó uno que ya había conseguido subirse a un carromato, pero hubo de bajarse de inmediato para tirar del mismo.

Le hicieron caso los dos que estaban despistados, y no corrieron tirando de sus carruajes, más de cincuenta metros, cuando cayeron por un terraplén.
Como pudieron se sobrepusieron y se encajaron tres o cuatro huesos que se les habían descuajeringado, y volvieron otra vez a sacar fuerzas de los tuétanos, porque de músculos no le quedaron ningunos.
- Vaya jugarreta que nos ha hecho el mozo, se ve que continua haciendo las tropelías que hacía en vida y le trajeron a este lugar. – Iba a asentir el otro afectado por ese engaño, cuando lo vieron caído en una cuneta con medio esqueleto aprisionado por la rueda derecha de su carro.
Después de muchas fatigas faltándoles tan solo cien metros para terminar el recorrido, vieron que el 62857 le adelantaba por la derecha. -¡Oye, que las leyes en esta región dicen que no debe adelantarse por ese lado! – Grito uno que se había agenciado un buen carro.

-       - ¿Qué leyes?, aquí no hay leyes, y si las hay me importan poco. Cuando estaban en vida, mis asesores me orientaban de cómo burlarlas, no va a ser menos aquí.
-       - No te fastidia, que todavía presuma de haber infringido las normas. – Terció de nuevo uno de aquellos dos que desde un principio congeniaron. Sin embargo, casi no le dio tiempo de mirar hacia el 56489, cuando un carromato le embistió por la derecha y lo destrozó de tal manera, que era imposible repararlo.
-       - ¡Corre, sube en el mío! – Le animó el compañero de infortunio, y así lo hizo.

Veinte metros más, y llegaron a la casa donde a duras penas pudieron saber que era la meta.
Ya con el pomo de la puerta cogido, miraron para atrás y vieron que todos aquellos que continuaban actuando como cuando tenían vida, habían tenido más de un percance, y sin embargo, ellos que habían tratado de actuar como deberían haberlo hecho mientras vivían, fueron dos de los que primero llegaron.
 
-       - Vaya hombre, aquí tenemos a los dos que faltaban para completar el trío que no merecen estar entre nosotros y habremos de permitirles que accedan al grupo de los afortunados que nos dejan. – Dijo uno, desde una pequeña loma al lado de un lago, con voz algo siniestra. – Y exclamó finalmente:

-      - ¡Hala, a hacer puñetas!